CUANDO EL DEPORTE CALLA

GUILLERMO ALONSO – El pasado jueves 12 de marzo tenía lugar en el Palau Blaugrana el partido entre el Barcelona y el Maccabi de Tel Aviv correspondiente a la eliminatoria de la Euroliga de Baloncesto. Las visitas del equipo israelí siempre van acompañadas de un aumento de las medidas de seguridad, en palabras de un aficionado, un auténtico “estado de excepción” para los seguidores del equipo local, que ven como las fuerzas de seguridad se duplican, incluyendo la presencia de agentes del Mossad (servicio secreto israelí) y tienen que sufrir exhaustivos registros al entrar en el recinto.

Pero las directrices de seguridad esta vez han alcanzado límites sin precedentes. Tras las protestas en los días previos del movimiento en solidaridad con Palestina, que denuncian las políticas de racistas y apartheid del gobierno de Netanyahu, los Mossos d’Esquadra tomaron medidas. Se prohibía a los aficionados introducir en el encuentro banderas palestinas y pancartas escritas en árabe, así como también se podría detener a aquel que entonara cánticos a favor de Palestina o en contra del Estado de Israel.  Finalmente, los Mossos rectificaron ante las quejas de la afición y permitieron llevar banderas palestinas y entonar cánticos solidarios en el recinto. Sin embargo, no se levantó la prohibición sobre las pancartas en árabe, una muestra de la creciente islamofobia que atenaza a Europa.

Así, la polémica, siempre presente en los desplazamientos del Maccabi, ha generado un fuerte debate sobre la vulneración de derechos fundamentales y la incitación al racismo y la islamofobia que las medidas de seguridad que el equipo impone en sus visitas, gracias a la complicidad de las autoridades locales y los cuerpos policiales. ¿Hasta qué punto se está siendo copartícipe de las masacres en Gaza con estas políticas de complacencia? ¿Dónde está el límite de la libertad expresión en los eventos deportivos? ¿Debería el Maccabi tener cabida en la competición europea?

Los grupos de boicot a Israel y solidaridad con Palestina comparan la situación a la que se vivió en la Sudáfrica del Apartheid, en la que la selección nacional de rugby fue objeto de un boicot avalado por la ONU por su colaboración y representación del régimen. Esta junto con el resto de sanciones y presiones internacionales acabaron propiciando el cambio de gobierno. Algunos defienden que las mismas medidas deberían aplicarse al Maccabi y al Estado de Israel, dada también la complicidad existente entre el equipo y las fuerzas armadas israelíes.

Pero definitivamente la pregunta más inquietante al respecto es: ¿qué dicen o qué hacen los periodistas deportivos al respecto? ¿Por qué no se trata el tema en las noticias sobre el partido o en la propia retransmisión? Sin duda, porque los vínculos con el Estado de Israel y la consecuente complicidad, van mucho más allá de gobiernos o fuerzas de seguridad, y el periodismo, por su propio bien, no puede permitirse esas carencias.

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