DE LA TERTULIA A LA POLÍTICA

Guillermo Alonso -. Esta mañana, el diario La Vanguardia hacía eco en un artículo de un fenómeno que cada vez vemos más presente en el mundo de la política. El texto hace referencia a la importancia cada vez mayor que tienen las tertulias políticas en la designación de los candidatos por parte de los partidos, y a cómo estos muchas veces son elegidos por su habilidad para desenvolverse delante de la cámara. Los autores destacan el paradigmático ejemplo del líder de Podemos Pablo Iglesias, pero también los casos del diputado del PSOE Antonio Miguel Carmona,  la exconcejal de Izquierda Unida Tania Sánchez o el portavoz de campaña del Partido Popular Pablo Casado, entre otros. Además, junto con el artículo hay un “Decálogo para triunfar en una tertulia política y disparar las audiencias”, con recomendaciones como “no comente, opine” o “dé espectáculo”.

Sin embargo, el tema es tratado como si los medios de comunicación fuesen simples recipientes en los que los partidos políticos hacen sus “experimentos”, cuyos resultados luego se plasman en sus campañas electorales. El subtítulo de la pieza reza “Del tictac al pim pam, el lenguaje facilón de la tele se traslada a la campaña”. El lenguaje de las campañas políticas hace tiempo que es “facilón”, desde que en la segunda mitad del siglo pasado se empezaron a emular, primero en América, más tarde en Europa, las técnicas del las campañas publicitarias para elaborar discursos políticos. Eslóganes, metáforas que se repiten, etc. No es un lenguaje “facilón” lo que vemos en las tertulias de televisión, sino más bien de interrupciones, gritos constantes e incluso ataques personales entre los tertulianos. Si en algo acierta el artículo es cuando afirma que “tampoco hay mucha diferencia entre montar una bronca en un plató de televisión o aguantar el tipo en los debates de la campaña electoral”. Y la verdad es que sobre los discursos electorales poco pueden hacer los medios de comunicación en el escenario actual, donde triunfa una forma de comunicación política que algunos llaman populista, otros facilona, pero que es la que gana adeptos.

Pero esto no tiene nada que ver con que el modelo de tertulia política sea el que es. Como agentes clave en el proceso de socialización y politización de la población, las responsabilidades que se les exigen a los medios de comunicación son mayores que a un político. La tertulia política no puede convertirse en una reproducción a escala de los debates vacíos del Congreso, del cruce de declaraciones sin contenido. Y la responsabilidad de actuar solamente recae en las propias cadenas de televisión. Hasta ahora se ha conseguido que tertulias políticas lleguen a máximos de audiencia. Pero los medios ejercer de filtro y abrir el camino para que las tertulias sean auténticos espacios de debate a partir de los cuales el espectador se pueda formar una opinión libre de prejuicios heredados de la política espectáculo. Y ese es el primer paso para cambiar la política. El problema es que este circo no sólo genera adeptos, sino ingresos particulares.

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