Literatura anarcoterrorista

DAVID GARCÍA MATEU

Puede sonar lejano: 16 de diciembre de 2014. Pero desde entonces las prácticas periodísticas no deben de haber evolucionado mucho…

5h de la madrugada, Barcelona. La policía inicia un despliegue sin precedentes para llevar a cabo una de las fases de la “Operación Pandora”, dirigida por el juez Javier Gómez Bermúdez desde la Audiencia Nacional. Pero… ¿Cuál es el motivo de tal operación con hasta 11 detenidos y distintos registros en domicilios y centros sociales? Según explican los Mossos d’Esquadra en un comunicado oficial: “desarticular una organización terrorista de carácter anarquista a la que se le atribuían distintos atentados con artefactos explosivos”. Como resulta evidente, los medios de comunicación no tardan en hacerse eco.

La velocidad virtual se impone al papel. De hecho, la noticia no saldrá en los quioscos hasta 24 horas después. Los titulares vuelan por Internet. “Terrorismo anarquista”. ¿La razón? Seguramente el vocabulario del comunicado oficial. Ahora bien, los medios pueden meditar cómo publicar el bombazo informativo. Reflexionar sobre cómo quieren explicar un acontecimiento de tal gravedad a la sociedad.

Algunos creyeron que lo más conveniente para no perder gancho era salir con el entrecomillado, y así vincular la cita a la fuente oficial. Otros, en cambio, se tiraron directamente a la piscina comiéndose las comillas. Se hicieron suya la acusación. Aunque como siempre sucede, hay alguien que va más allá, alguien que es más “radical” y se cocina su información. Por último, algunos rotativos reflexionaron la cuestión a mayor profundidad y se desvincularon del titular con más pujanza (el de Estado), para ofrecer una nueva versión: “operación policial contra grupos anarquistas”.

Pero si esto era principalmente lo que sucedía en los medios virtuales, las contradicciones conceptuales se arrastraron a los quioscos hasta el día siguiente. Cabeceras como El País o La Vanguardia continúaban apostando en sus versiones print por las “bombas en cajeros y catedrales”, mezclando así “terrorismo” con “familia ideológica” [es decir, anarquista].

Y es que cabe destacar que si bien el juez Bermúdez justificó la entrada en prisión de algunos de los arrestados por razones ideológicas apuntando a que “estos grupos actúan siempre de forma violenta”, sin profundizar en ningún tipo de atentado en concreto, los medios tampoco hicieron mucho más para investigar las duras acusaciones. Muy pocos dedicaron parte de su tiempo a observar como en las hemerotecas no había ni rastro de dichos atentados anarquistas en los últimos tiempos. Y ya una minoría muy reducida se dedicó unos días después a analizar que había supuesto aquella operación. Tal como señalaban en líneas generales: “literatura policial”.

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